La peligrosa moda del ejercicio de alta intensidad

por enforma.hola.com /


 

Hiit, entrenamiento en 7 minutos, crossfit, Insanity, Tabata… Son la última moda entre los métodos para ponernos en forma y un magnífico reclamo para muchos gimnasios que los incluyen en su oferta de clases estrella. Sin embargo, aunque como cualquier deporte pueden llegar a ser muy beneficiosos; hay que tener en cuenta que se trata de un tipo de ejercicio muy exigente con nuestro corazón y, por tanto, no apto para todos los públicos. De hecho, según datos de la Revista Española de Cardiología, las personas que practican una actividad deportiva intensa presentan una incidencia mayor de muerte súbita que las no deportistas -1,6 por 100.000 frente al 0,75 del resto de la población-. Hablamos con el Dr. Cabanes, especialista en medicina deportiva y colaborador de B+Safe para la promoción de la cardioprotección en el deporte, quien nos da algunas recomendaciones para practicar deporte intenso con seguridad.

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La regla número uno, tal y como apunta el experto, sería la de someternos a un reconocimiento cardiológico previo; algo que, reconozcámoslo, no solemos realizar cuando tomamos la decisión de comenzar a cuidarnos. “Siempre hay que consultar al médico sobre la actividad más adecuada al estado físico, sobre todo en personas sedentarias que comienzan a realizar ejercicio. Hay que estar muy bien preparados para este tipo de actividades y saber cuál es nuestro estado físico nos evitará riesgos innecesarios”.

Además, el experto apunta también al alto riesgo cardiaco de otros deportes más convencionales, pero que igualmente requieren más del 70% del consumo de oxígeno a la hora de ponerlos en práctica. Entre ellos, el triatlón, el running o carrera continua, mini maratones, carreras populares, ascensiones a paso rápido y durante muchas horas, aerobic, natación, desplazamientos rápidos en bicicleta… En definitiva, todos aquellos que ponen a trabajar nuestro corazón a todo tren.

De hecho, cada vez son más frecuentes los incidentes en carreras populares y maratones debido a la inadecuada preparación de los participantes ‘amateur’ que se aventuran en este tipo de pruebas. “Quienes vayan a iniciarse en un deporte de competición que implique esfuerzo físico intenso, deben someterse a un control médico especializado y personalizado para tener su propia historia clínica personal, que incluya una exploración física exhaustiva a nivel cardiovascular, con pruebas de esfuerzo y electrocardiograma como medida preventiva. Pero también los ex deportistas que deciden retomar la práctica para volver a ponerse en forma tras unos años de inactividad y los mayores de 45 años con alguna enfermedad cardiovascular o con algún factor de riesgo como diabetes, hipertensión u obesidad”, explica el Dr. Cabanes.

Por otro lado, el director médico de Avanfi.com, Manuel Villanueva, también lo contraindica durante los meses de embarazo; y recomienda la práctica moderada de ejercicio aeróbico manteniendo las frecuencias cardíacas maternas por debajo de 140 latidos por minuto. "El ejercicio ha de realizarse de forma regular (3-4 sesiones de 20-30 minutos por semana) y no de forma intermitente o discontinua. Nunca a alta intensidad. Es conveniente realizar calentamiento previo y 'enfriamiento' posterior (durante 5-10 minutos, acompañado de estiramientos y relajación antes y después de cada sesión)".

¿Cómo podemos saber que algo no funciona como debería cuando estamos practicando deporte?

Aunque las pequeñas anomalías no siempre dan síntomas y los síntomas varían según los pacientes, por lo general debemos advertir señales como cansancio repentino y, por supuesto, el síncope; ya que la pérdida de conocimiento durante el esfuerzo es un síntoma de alarma grave que significa que al corazón le hemos pedido un esfuerzo al que no ha respondido de manera adecuada y se queja.

Por otra parte, desde B+Safe inciden en la importancia de crear más espacios públicos cardioprotegidos que cuenten con, al menos, un desfibrilador, con mantenimiento garantizado y con personas adecuadamente formadas para garantizar una rápida actuación en caso de paro cardíaco repentino. “La presencia de DESA (desfibrilador) es fundamental, ya que el tiempo máximo para aplicar la desfibrilación a una persona que sufre un paro cardiaco es de cinco minutos. Para que las posibilidades de supervivencia sean óptimas, se debe realizar de forma inmediata una resucitación cardiopulmonar que permita mantener el flujo necesario de sangre oxigenada al cerebro hasta que se restablezca el ritmo cardiaco normal”.

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