¿Cómo debemos adaptar la alimentación con el paso de los años?


 
Marta Lorenzo

Marta Lorenzo

Nutricionista

es licenciada en Ciencia y Tecnología de los Alimentos, diplomada en Nutrición Humana y dietética y especialista en Nutrición deportiva

Según vamos cumpliendo años, nuestro cuerpo va cambiando y, aunque el hecho de haber llevado un estilo de vida saludable es clave para llegar a la vejez con una óptima calidad de vida, hay aspectos que no pueden resistirse al paso del tiempo.

Lo primero a tener en cuenta es que nuestras necesidades energéticas no van a ser las mismas que cuando somos jóvenes, ya que nuestro metabolismo basal, es decir, las calorías que nuestro organismo necesita en estado de reposo, disminuye con el envejecimiento. Esto tiene relación con la disminución de la masa magra o muscular que vamos sufriendo con los años y que, por el contrario, supone un aumento de la masa grasa. Por ello, tenemos tendencia a ir acumulando grasa con más facilidad, sobre todo, en la zona abdominal.

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Además, a medida que nos hacemos mayores, reducimos considerablemente la actividad física o, al menos, la frecuencia e intensidad. Esto conlleva una disminución del gasto calórico, que muchas veces no tenemos en cuenta. La alimentación es importante siempre: cuando eres joven porque es recomendable conseguir un óptimo estado de salud y adoptar unos buenos hábitos alimentarios; y, cuando te vas haciendo más mayor, para mantener una buena calidad de vida y evitar multitud de enfermedades como la diabetes, hipertensión, colesterol, ácido úrico, etcétera. Por ello, debemos de tener en cuenta una serie de recomendaciones generales:

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  • Realizar ejercicio. Debemos mantenernos siempre activos, de esta forma conseguiremos tener unos huesos y articulaciones fuertes. Además, nos ayudará a controlar nuestro peso.
  • Debemos adaptar las calorías en función de nuestra actividad diaria y necesidades. Comenzando por reducir las cantidades en la cena en casos normales.
  • Beber agua. A medida que envejecemos, nuestro organismo tiene menos necesidad de agua; ya que nuestro porcentaje de agua corporal disminuye, perdiendo por ello la sensación de sed. Debemos beber menos, pero no dejar de beber; sobre todo en épocas estivales donde mantener una buena hidratación es muy importante.
  • La dieta siempre debe ser equilibrada, variada y sana. Debemos comer de todo, aunque reduciendo las cantidades hasta cubrir necesidades.
  • Adaptar la dieta en caso de sufrir alguna enfermedad que implique ciertas restricciones. Ejemplo: con la hipertensión es recomendable reducir/ eliminar la sal de las comidas.
  • En caso de tener problemas de masticación o de digestión de ciertos alimentos, sustituir por otros de valor nutricional parecido, o modificar los métodos de cocinado para facilitar su ingestión.

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