Que la talla de pantalón no hable por ti

Se puede tener una talla 36 y tener un porcentaje graso no saludable

por JULIA GIRÓN /


 

tallas y forma física

La delgadez manda y son muchas las mujeres que crean patrones poco ajustados a la realidad; aun cuando ésta tiene gran parte de la culpa. El mundo de la moda y su tiranía de tallas mini son un claro ejemplo, que puede llegar a convertir algo tan básico del día a día, como es la compra de unos vaqueros nuevos, en un problema para la autoestima (pudiendo incluso acarrear obsesiones peligrosas). Sin ir más lejos, hace tan solo unos días conocíamos que la firma norteamericana J.Crew había decidido implantar una nueva medida: la XXXS, que según su tallaje aquí equivaldría a ¡una 26! Pero, si reflexionamos y dejamos a un lado los esfuerzos de la industria por determinar cómo deberían ser nuestros cuerpos, ¿te has parado a pensar que la talla de pantalón es algo relativo o que, a pesar de tener la anhelada talla 36, nuestro cuerpo no esté en plena forma? ¿Por qué sentirnos entonces felices y contentas cuando conseguimos enfundarnos en una talla 38 o 36 y frustradas cuando no? Según nos explica el doctor Ángel Durántez, director médico de la Clínica Neolife, en general buscamos la delgadez sin tener en cuenta el tono muscular y esto aboca a ver muchas mujeres delgadas, con poco peso total y, sin embargo, con un alto porcentaje de grasa. “Una mujer con una talla 38 y un porcentaje de grasa de más del 30% no está sana. En realidad, no es que tenga un sobrepeso graso, lo que tiene es una importante falta de masa muscular, pero desde el punto de vista de la salud ambas no son saludables”, indica Durántez.

De ahí que se hayan acuñado términos como skinny fat o TOFI (thin outside, fat inside - delgada por fuera, gorda por dentro), que en español vendrían a significar algo así como fofa, blanda o gordiflaca. En estos casos, el peso total que nos devuelve la báscula es bajo, sin embargo el peso del tejido graso es alto; lo que incrementa el riesgo de padecer las enfermedades propias de personas que sufren obesidad o sobrepeso (problemas cardiovasculares, hipertensión arterial, enfermedades metabólicas, cáncer, etcétera). Es cierto que, “en general, el exceso de peso depende de un exceso de grasa y que la mayoría de gente pesada tiene un exceso de tejido graso. Pero también hay personas con un peso total mayor que están más en forma que otras aparentemente más delgadas. Lo bueno es que cada vez veo a más mujeres que quieren estar delgadas pero fuertes y tonificadas”, precisa el doctor Ángel Durántez, quien ha firmado el prólogo del libro Intensidad Max de Elsa Pataky y Fernando Sartorius.

El IMC a debate

El ejemplo típico es el de un culturista de 1,75 metros de altura y 95 kg. Nadie podría decir que es obeso, ¿verdad? Sin embargo, sí lo sería si calculásemos su IMC (Índice de Masa Corporal) -el sistema empleado para determinar el sobrepeso y la obesidad-; al igual que algunas famosas como Mariah Carey, Beyoncé o Kim Kardashian que presumen de cuerpos sanos sin perder sus curvas. ¿Cómo puede ocurrir esto? Según el doctor Durántez, “la medición del IMC sólo tiene en cuenta el peso y la altura y no se centra en la composición corporal para saber si el exceso de peso es debido a la grasa o al tejido magro”. Sin embargo, pese a ser un sistema de medición incompleto, todavía los criterios médicos de clasificación del sobrepeso y obesidad se fundamentan en él y para realizar un estudio más completo habría que acudir a una consulta médica o centros wellness donde se utilizan métodos más sofisticados. “Si queremos ser precisos, no deberíamos tomar el IMC como indicador de salud y ni mucho menos como indicador de la condición física”, recalca el doctor.


Composición corporal y factores externos

Nuestro cuerpo se divide en varios componentes: el tejido graso, el tejido magro, el óseo, el agua corporal… La medición de la composición corporal se encarga de pesar cada uno de estos componentes. La suma de todos ellos es el peso total que, como hemos visto, no es indicativo de la cantidad de grasa que hay en nuestro cuerpo. Ahora bien, hay otros factores que intervienen en la composición corporal como son la genética, la alimentación y el ejercicio. “Todos conocemos personas que genéticamente tienden a ser más gorditas o más fibrosas independientemente de lo que coman o se ejerciten. Esta es la base genética. No obstante, la alimentación y el ejercicio físico pueden llegar a moldear un cuerpo independientemente de la genética que se tenga. Hasta cierto punto, claro está. Yo animo a mis pacientes a alcanzar la ‘mejor versión de sí mismos’ y no marcarse objetivos en función de otras personas, como modelos, famosos, etcétera”.

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