'Biotrajes', la evolución de la electroestimulación


 
Juan Rallo

Juan Rallo

Entrenador personal

es entrenador personal, escritor del libro “Estupenda en 9 semanas y media” y creador del sistema de entrenamiento online www.juanrallo.com

Están de moda y los centros que ofrecen este servicio proliferan por tu ciudad como champiñones. Sí, hablo de los trajes de electroestimulación o, vamos a llamarlos con un nombre más comercial, 'biotrajes'. El motivo de su éxito es que con 20 minutos a la semana es suficiente para estar en forma, o por lo menos eso te prometen. Sí, lo reconozco, entré a probar este sistema de entrenamiento con no muy buena predisposición. De hecho me cuesta llamarlo entrenamiento.

Pero... ¿qué es?

Si ya conocías la electroestimulación, bastará con contarte que el biotraje es en realidad un traje en el que los electrodos están repartidos por el propio traje sobre los grandes grupos musculares de manera que, al formar parte del traje, te evitas las molestias de los cables tan poco estéticos y que tanto molestan para el movimiento. Este sistema también soluciona el problema con los electrodos de pegatinas antiguos, evitando, al estar incorporados en el propio traje, que se despeguen durante el ejercicio.

Si no conocías la electroestimulación, imagina un mallot y un chaleco apretados en los que hay diferentes electrodos repartidos por las zonas de los grandes grupos musculares. El entrenador va controlando la intensidad de las descargas en cada uno de estos puntos de manera que recibes descargas eléctricas que hacen que el músculo se contraiga a mayor o menor intensidad. Da miedo oír que vas a recibir descargas eléctricas, pero no te preocupes por eso, están controladas.

Es precisamente este otro de los secretos de su éxito, que el esfuerzo no viene de uno mismo, sino de una máquina que, a través de estímulos eléctricos induce a tus músculos a la contracción, sin que uno no tenga más que hacer que aguantar estoicamente el dolor. Por eso se presenta como una buena alternativa a aquellos más perezosos de cara al propio esfuerzo.

La gran diferencia entre la electroestimulación clásica y ésta es que en la antigua te sentabas y el trabajo lo hacía la máquina, mientras que en la actual se realizan unos movimientos sencillos similares a los de una clase de mantenimiento, con sentadillas, pesas, abdominales, y otros ejercicios básicos, de manera que la sensación es muy diferente, y, sobre todo, la imagen es comercial es mucho más acertada.

Lo bueno

En una sesión de 20 a 25 minutos se realiza un trabajo que involucra a la musculatura de todo el cuerpo.
Otro de los grandes aciertos de los 'biotrajes' es que los electrodos pueden actuar sobre diferentes zonas a la vez, lo que reduce el tiempo de la sesión considerablemente. Antes, con la electroestimulación clásica, cada programa de trabajo duraba el mismo tiempo, unos 20 minutos, pero solo se ponían sobre un grupo muscular.

Al sumar las contracciones musculares habituales realizadas por los ejercicios y las que te provoca el traje, se consigue mucho gasto energético, y por ello se necesita un volumen importante de oxígeno -lo que hace que el corazón se acelere casi como en una carrera a ritmo suave-. De ahí que sea un buen trabajo para el sistema cardiovascular.

Lo malo

La sensación de cansancio es muy artificial, más cerca del dolor que del cansancio. Al final acaba siendo una pequeña tortura, soportable, peno muy lejos de ser agradable.

No hay ningún tipo de coordinación ni orden entre las contracturas voluntarias y las inducidas por el traje, y eso no es lo más recomendable para la salud muscular.

Las agujetas, que las hay, están demasiado localizadas, no afectan a un músculo completo en concreto, sino que son mucho más localizadas, y eso da que pensar que el músculo no trabaja homogéneamente. Otro de los grandes peros de este sistema es que los trajes se comparten, y por mucho y muy bien que los laven acaban oliendo. Aunque para solucionar esto siempre tienes la alternativa de comprarse la ropa que va debajo del traje, que no es cara.

El veredicto

Es de los ejercicios que más contradicciones me han despertado. Por un lado consigues fatigarte lo suficiente en 25 minutos como para sentir que has hecho ejercicio intenso, sin embargo, no llegas a conseguir el cansancio típico del entrenamiento, ni muscular ni cardiovascular, sino una especie de fatiga del sistema nervioso.

Yo personalmente no lo usaré, pero entiendo que para aquellas personas que no disfruten del ejercicio y que quieran algo rápido que les permita olvidarse de los deberes por una semana, esta es una buena opción. No la mejor, pero sí buena, porque tonifica la musculatura y activa el sistema cardiovascular. Desde luego es mucho mejor que quedarse en el sofá sin hacer nada.

Aun así, un buen entrenador que trabaje con este sistema te lo recomendará que lo uses una vez a la semana y combinándolo con ejercicio. Si intentan venderte varias sesiones semanales, desconfía.

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