La nutrigenómica reinventa las dietas

Los planes personalizados 'a la carta' según nuestra genética serán el futuro de la nutrición

por JULIA GIRÓN /


 

Hasta ahora, si alguien acudía a un dietista-nutricionista con la intención de perder peso, lo lógico es que éste le indicase una serie de pautas saludables para cambiar sus hábitos alimentarios. Da igual cómo fuera ese alguien o sus características particulares, se suponía que eran tips válidos para cualquiera. Sin embargo, se estima que nuestros genes nos determinan más de lo que creíamos, entre un 25-30% ; llegando a ser los responsables de tener una predisposición mayor a desarrollar obesidad y otras enfermedades relacionadas como la osteoporosis o la diabetes. Afortunadamente, los avances en genómica nutricional han contribuido a que las dietas ‘a la carta’, diseñadas mediante un test de ADN, sean ya una realidad.

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Aunque todavía quede mucho camino por delante, como reconoce el Dr. José Ignacio Lao, experto en genética clínica y director del centro de medicina genómica Genomic Genetics Internacional, gracias a la nutrigenómica podemos saber qué alimentos específicos pueden dañar o beneficiar nuestro metabolismo y descubrir qué tipo de dieta está o no indicada para nosotros. “Sabemos cada vez más sobre los genes que determinan estas respuestas particulares a determinados nutrientes de la dieta, pero lo que aún no sabemos del todo es hasta qué punto llega esta interacción gen-nutriente y cuáles son las interacciones entre todos los genes implicados para poder terminar de modular la respuesta”, explica el doctor. En esta entrevista nos invita a descubrir el gran reto que supone para el futuro de la nutrición y la salud.

¿Qué ha supuesto la nutrigenómica aplicada a la nutrición?
La genómica nutricional aporta beneficios a dos niveles. Por un lado, nos permite conocer el perfil de nutrigenética de cada persona para predecir el grado de respuesta a los diferentes nutrientes de la dieta y así diseñar una nutrición más individualizada. Por otro, podemos utilizar los conocimintos en nutrigenómica para diseñar alimentos capaces de actuar de forma positiva sobre la salud. Sería la forma de utilizar la dieta tanto para prevenir enfermedades como para tratarlas.

¿Qué es la alimentación funcional que toma como base la nutrigenómica? ¿Cuáles serían los alimentos funcionales?
Es la alimentación que se basa en la aplicación de los efectos beneficiosos que tienen algunos alimentos para prevenir, incluso curar, algunas enfermedades. Por ejemplo:

  • Los omega-3 por su efecto cardioprotector y anti-inflamatorio.
  • La soja para prevenir los trastornos asociados a la menopausia.
  • El brécol y las coles y su efecto preventivo frente al cáncer y, en especial, frente al cáncer de mama.
  • Los frutos rojos, la granada, el tomate… con sus efectos antioxidantes.

Cuando de estos alimentos funcionales se extrae el ‘principio activo’, responsable de la acción beneficiosa sobre la salud, hablamos de nutracéuticos. Esto da lugar a toda una rama científica muy ligada a la industria alimentaria, que en estos momentos está en pleno auge. Sin embargo, lo que tenemos que tener en cuenta es que en nuestro genoma pueden existir particularidades distintas que hagan que estos alimentos funcionales no sean beneficiosos de igual forma para todos. Por ejemplo, un exceso de omegas en personas con un perfil genético de riesgo al sangrado puede aumentar ese peligro e incluso llevarles a complicaciones como un ictus hemorrágico.

¿Hace la genética que unas personas tengan mayor tendencia que otras a engordar?
Por supuesto. Hay personas que conservan una composición genética, que mantenemos desde el paleolítico, que hace que se tenga un gasto calórico muy bajo para quemar pocas calorías (ahorrar energía) y acumular más grasa. Es algo similar a lo que observamos en los animales que hibernan. Es el llamado ‘genotipo ahorrador’ y estas personas son las de mayor tendencia a engordar porque presentan mayor resistencia a quemar grasas.

¿Cómo ayuda la nutrigenómica a vencer la obesidad?
Por una parte, nos permite conocer nuestro organismo y determinar las capacidades y limitaciones metabólicas, nutriente por nutriente; y, por otra, nos permite garantizar un sistema de alimentación y también de ejercicio físico que nos permita controlar el peso de manera más eficiente y duradera. De esta manera, tenemos la seguridad de no someter nuestro cuerpo a ‘sobrecargas’ que terminen por descompensarnos y llevarnos a enfermedades endocrino-metabólicas como la diabetes o problemas de tiroides.

¿Qué relación tienen las enfermedades metabólicas con una mala dieta?
Voy a poneros un ejemplo. Todos pensamos que una dieta restrictiva que nos hará perder peso de forma rápida pasa necesariamente por la eliminación de los hidratos de carbono en general. Sin embargo, la nutrigenética ha revelado que hay variaciones en un gen llamado FTO que al restringir los nutrientes de los hidratos nos induciría a un efecto totalmente contrario, es decir, al aumento de peso. Y, aún peor, nos podría desencadenar un problema metabólico como la diabetes del adulto o diabetes tipo 2.
Otro ejemplo. Si no conocemos nuestro perfil de riesgo y seguimos una dieta rica en grasas de origen animal, podemos desarrollar el llamado síndrome metabólico: acumulación de grasa abdominal, junto al aumento en las cifras de triglicéridos y la descompensación en el metabolismo de la glucosa. Estas son las enfermedades más llamativas y evidentes, además las de mayor repercusión en nuestra calidad de vida y salud futura.

¿Los genes también nos dicen el porcentaje de ejercicio físico que necesita nuestro cuerpo?
Afirmativo. Existe toda una rama dentro de la genómica que se llama precisamente Kinesiogenómica. Esta nueva ciencia se dedica a entender la relación entre la expresión de los genes y los diferentes tipos de ejercicio físico.
Nosotros hemos encontrado que existe un perfil genómico que determina qué individuos se favorecen más con un ejercicio de resistencia y cuáles con uno de explosividad y, de esta manera, se ha definido un modelo para determinarlo.
También podemos detectar quiénes se favorecen mejor del ejercicio físico y quienes han de incorporar medidas especiales para que dicho ejercicio resulte eficaz y seguro.

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